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sabato 12 novembre 2011

Apunte para un viejo amigo/ A note to a certain old friend


Probablemente nadie que intente el suicidio, como Reigner muestra en uno de sus cuentos, tiene clara conciencia de todos sus motivos. Los cuales generalmente son muy complejos. Por lo menos en mi caso está impulsado por una vaga sensación de ansiedad, una vaga sensación de ansiedad sobre mi propio futuro.
Aproximadamente en los últimos dos años, he pensado solo en la muerte, y con especial interés he leido un relato que trata sobre este proceso. Mientras el autor se refiere a ésto en términos abstractos, yo seré lo mas concreto que pueda, incluso hasta el punto de sonar inhumano. En este punto yo estoy moralmente obligado a ser honesto. En cuanto al vago sentido de ansiedad respecto de mi futuro, creo que lo he analizado por completo en mi relato, "La vida de un loco", excepto por el factor social, llamemoslo la sombra del feudalismo, proyectada sobre mi vida. Esto lo omití a propósito, al no tener la certeza de poder clarificar realmente el contexto social en el cual viví.
Una vez tomada la decisión de suicidarme (yo no lo veo en la forma en que lo ven los occidentales, es decir como un pecado) me resolví por la forma menos dolorosa de llevarlo a cabo. Excluí, por razones prácticas y estéticas, la posibilidad de ahorcarme, dispararme un tiro, saltar al vacio u otras formas de suicidio. El uso de drogas me pareció el camino mas satisfactorio. Y por el lugar, tendría que ser mi propia casa, cualquiera sean los inconvenientes para mi familia. Como una suerte de trampolín, al igual que Kleist y Racine, pensé en la compania de una amante o un amigo, pero habiendo elevado la autoconfianza, decidí seguir adelante solo. Y la última cosa a considerar, fue asegurarme una perfecta ejecución, sin el conocimiento de mi familia. Después de unos meses de preparación me convencí de la posibilidad de realizarlo.
Nosotros los humanos, siendo animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte, la así llamada vitalidad no es otra cosa que fuerza animal. Yo mismo soy uno de esos animales humanos. Mi sistema parece gradualmente haberse liberado de esa fuerza animal, teniendo en cuenta el poco interés que me queda por el alimento y las mujeres. El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza mas hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido mas que otros, en ésto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado.

P.S: Leyendo la vida de Empédocles, me dí cuenta de cuán antiguo es el deseo de uno de convertirse en Dios. Esta carta, en cuanto a mi concierne, no intenta esto. Por el contrario, yo me considero uno de los hombres mas comunes. Vos debés recordar esos días, veinte años atrás, cuando discutimos "Empédocles sobre el Etna" bajo los árboles de tilo. En esos tiempos yo era uno de los que deseaba convertirse en Dios.

Probably no one who attempts suicide, as Regnier shows in one of his short stories, is fully aware of all his motives, which are usually too complex. At least in my case it is prompted by a vague sense of anxiety, a vague sense of anxiety about my own future.
Over the last two years or so I have thought only of death, and with special interest read a remarkable account of the process of death. While the author did this in abstract terms, I will be as concrete as I can, even to the point of sounding inhuman. At this point I am duty bound to be honest. As for my vague sense of anxiety about my own future, I think I analyzed it all in A Fool's Life, except for a social factor, namely the shadow of feudalism cast over my life. This I omitted purposely, not at all certain that I could really clarify the social context in which I lived.
Once deciding on suicide (I do not regard it as a sin, as Westerners do), I worked out the least painful means of carrying it out. Thus I precluded hanging, shooting, leaping, and other manners of suicide for aesthetic and practical reasons. Use of a drug seemed to be perhaps the most satisfactory way. As for place, it had to be my own house, whatever inconvenience to my surviving family. As a sort of springboard I, as Kleist and Racine had done, thought of some company, for instance, a lover or friend, but, having soon grown confident of myself, I decided to go ahead alone. And the last thing I had to weigh was to insure perfect execution without the knowledge of my family. After several months' preparation I have at last become certain of its possibility.
We humans, being human animals, do have an animal fear of death. The so-called vitality is but another name for animal strength. I myself am one of these human animals. And this animal strength, it seems, has gradually drained out of my system, judging by the fact that I am left with little appetite for food and women. The world I am now in is one of diseased nerves, lucid as ice. Such voluntary death must give us peace, if not happiness. Now that I am ready, I find nature more beautiful than ever, paradoxical as this may sound. I have seen, loved, and understood more than others. In this at least I have a measure of satisfaction, despite all the pain I have thus far had to endure.
P.S. Reading a life of Empedocles, I felt how old is this desire to make a god of oneself. This letter, so far as I am conscious, never attempts this. On the contrary, I consider myself one of the most common humans. You may recall those days of twenty years ago when we discussed "Empedocles on Etna" - under the linden trees. In those days I was one who wished to make a god of myself.

 Rynosuke Akutagawa

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